Carlos ya está volando a España y yo retomando el trabajo después de estas minivacaciones de tres días.
Estoy sorprendida del buen humor con el que estoy empezando la semana. Me imaginaba que volvería a estar un poco chof, pero que va, todo lo contrari, y más mentalizada que nunca de que mes y medio no es nada.
Cómo habreis visto he estado un poco desconectada estos días. Sinceramente de poco me servía llevarme el ordenador al hotel si me iba a pasra el día fuera y el Wifi sólo era gratis en la cafetería.
Pero bueno, retomemos dónde lo dejamos.
Después de nuestro paseo por Thal y la toma de contacto con Graz, volvimos a casa. Ya no anochece tan pronto, pero a las 6 el sol ya se ha puesto y las temperaturas se desploman. En estas circunstancias una no está para ir de fiesta, y menos si ha estado de aquí para allá toda la mañana.
Sorpresa la que se lleva Sonja al vernos aparacer a las 7 de la tarde. Contaba con que hasta las 12 ni nos vería el pelo...ilusa.
Hay que ver cómo se nota la presencia de Carlos. Está adorable, de lo más parlanchina, pero eso sí, sufre algún patinazo. Hubo dos ejemplos muy buenos, el primero sirvió para que nuestro invitado diera fe de que esta mujer está un poco girada; y el segundo....bueno mejor os lo cuento.
Estábamos picando algo a la hora de cenar. Sentados, manteniendo una conversación normal. No recuerdo a santo de que vino, pero Sonja empezó a relatarnos su experiencia embarazada y cómo por acto reflejo se pegaba en la barriga cada vez que una de las niñas le daba una patada. Dice que no podía controlarlo y que su subconsciente lo hacía para evitar que el pie traspasara la barriga.
Fué un momento cri cri cri (piénsese en sonido de grillos) de sonrisa forzada. Sobra decir que estábamos flipando en colores.
Y ahí no acaba la cosa. No os haceis una idea de lo nerviosa que estaba con la visita. No dejaba de decir "clro, es que a mi me gusta quedra bien con mis invitados" "que todo esté impecable y me vean cómo una buena anfitriona"
La buena mujer se lució. Desaparecí dos segundos y cuando volví a entrar en el comedor la estampa era, Carlos en una cabecera de la mesa muerto de la vergüenza, las niñas cada una en un lateral de la mesa cenando y cantando y gritando...y por último Sonja, en la otra cabecera, tenedor en mano y sartén en mesa. Sí, estaba cenando los restos de la salsa bolognesa que yo había hecho directamente de la sartén y sentada frente a un invitado que no daba crédito.
Mientras observaba la escena yo no dejaba de repetirme, "y ésta fue la finolis que esta mañana me hizo planchar las ya planchadas sábanas por que tenían dos arruguitas y no quería que Carlos pensara que alguien había dormido antes en ellas...."
Se lució jejejeje
La mañana del viernes, todavía recuperándonos de las fuertes emociones vividas la noche anterior, preparamos las mochilas con lo indispensable para sobrevivir dos noches fuera de casa. Por fin nos íbamos al centro.
Justo al cruzar la puerta, llegó Ico. Carlos y el sólo tuvieron 10 segundos de presentación, pero fueron más que suficientes. Yo quería empezar mis vacaciones.
Un par de autobuses después llegábamos a nuestro destino. Un hotel con fachada ochentera de colores pastel que, si no te has informado antes, no invita nada a entrar.
Sólo dos tipos de habitación, 20€ y unos metros cuadrados de diferencia entre ambas. Moderno y sencillo. Con lo básico. Pared corredera que o bien cierra el vater o bien la ducha. Lavabo al lado de la cama y una barra metálica a modo de armario.
Dicho así suena un poco cutre, pero que va, todo tiene su sitio encaja a la perfección.
De nuevo nos metimos en la ciudad, a callejear vamos. Viendo muchas de las cosas que ya conocía de mis paseos en solitario y descubriendo muchas otras guía en mano.
Tengo que decir que las vistas de la ciudad desde lo alto de la colina son impresionantes. Además llama la atención la ausencia de ruido. Es un sitio muy tranquilo y los jardines deben ser muy bonitos en verano.
Ya dicen que es uno de sus atractivos turísticos, pero claro en invierno poco se puede apreciar. Cero flores y árboles pelados, sólo se salva algún arbusto.
Nuestra primera noche en el centro tuvimos "cena romántica" a cuenta del hotel. Tenían una oferta especial por ser San Valentín y si reservabas mínimo una noche y el desayuno de un día te regalaban una cena.
Fondue a la luz de una minivelita y acompañado de un florero de diseño con UNA rosa.
Fue todo un detalle y tanto la cena como el postre...buenísimos.
Pero lo mejor estaba por llegar. El buffet!! ayyyyy que desayuno!!
Vale le faltaban los ibéricos, pero comí huevos y bacon cómo si hiciera meses que no probaba bocado. Amorticé el desayuno por los dos y por los vecinos de las mesas cercanas. Creo que probé todo lo que había. Vamos que las dos veces estuvimos casi una hora y media, así que haceros una idea.
Y es que una necesita combustible para las caminatas que nos dábamos.
El sábado tocó visita al castillo de Eggenberg. Uno de los más antiguos de Austria. Una pena que lloviznara un poquillo. Está claro que esta no es la mejor época. Los jardines de alrededor lucen mejor en primavera y con todos los pavos reales que tienen, ni que decir.
Hicimos la visita completa. Viendo todos sus cuadros, y esculturas, y monedas....pero lo interesante estaba cerrado. Con caras largas nos fuimos sin ver el salón de baile y algunas de las habitaciones ohhhhh
¡Una buena excusa para volver!
Por lo demás caminar, caminar, caminar, tranvía, caminar y algo de shopping que siempre ayuda a liberar tensiones.
Probamos la gastronomía típica como es el apfelstrudel, el krapfen o una buena wurstel rellena de queso.
Creo que en etsos tres días hemos probado y visto todo lo que se nos ofrecía, por lo que se puede decir que el balance es más que positivo.
Nos hemos reido y yo, por lo menos, he desconectado un poco y recargado las pilas
Ahora a darlo todo en la recta final!!
Cuidaros mucho
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