A algunos ya os he hablado de Martina, para otros seguramente es un personaje nuevo en esta historia.
Se trata de una chica que vive a un par de casas de la mía. La conocí en aquella "fiesta Ibicenca" a la que no me apetecía ir y que después me lo pasé tan bien.
Empezamos a hablar cuando se enteró de que yo era española y estaba aquí trabajando cómo au-pair. Casualmente ella se va, en un mes, a Córcega para trabajar de lo mismo. Así que me cogió por banda y no me soltó hasta que le solté toda la información que podía darle acerca de esta experiencia.
Se trata de una chica de 20 años, bajita, bastante redonda y que no calla...en serio, y no sería tan malo si no fuera porque sólo habla de ella misma. Al margen de este pequeño detalle, se le ve buena persona.
Pues bien, después de aquella fiesta quedamos un día para tomar un café aquí en el pueblo (en la única cafetería que hay). Cómo os decía antes, sólo habló de ella misma, pero en un paréntesis que hubo me dijo que su familia estaría encantada de conocerme, y que porque no iba a comer un día a su casa...
Pues bien, ese día llegó, y concretamente fué hoy.
Allí me presenté a las 12. Ella aún estaba en la ducha y me recibieron los padres y la hermana mayor. Todos me miraban curiosos a la par de divertidos.
Pronto descubrí de quién había heredado la chiquilla la labia que tiene. La madre es igual que ella pero con mas arruguillas en la cara y un perfecto inglés. La buena mujer es profesora de inglés y además una persona adorable.
Hacía tiempo que no me sentía tan cómoda.
Para más inri, cocinó pollo con arroz para mi. Hacía unas semanas le había dicho a Martina que echaba de menos el pollo asado, y ésta no tardó nada en decírselo a su madre.
Ahí estaba yo en mi salsa comiendo un estupendo pollo al horno y teniendo una conversación de lo más amena.
Sólo me ofrecían comida y más comida. ¡Hasta me dieron un trozo de pollo para que me trajera a casa para la cena!
Cómo toda familia tienen sus cosillas, y se les ve un deje pueblerino. Algún eructo furtivo o disfrutar del pollo comiendo con las manos son ejemplos, pero incluso se les perdonan.
Lo divertido llegó cuando la madre me pidió ayuda para preparar los krapfen. Son una especie de bollitos, tipo donuts pero sin agujero, que normalmente están rellenos de mermelada de albaricoque. Es un producto típico de la respostería austriaca, y he de decir que está buenísimo.
Mucho amasar, dejar reposar, más amasar, darles forma y por último freirlos.
Me encantó la experiencia. No por el hecho de cocinar si no porque era un producto típico de aquí hecho por una familia 100% austriaca.
El resultado fue excelente...¡me comí 4! y lo dejé ahí porque si no ya empezaba a ser gula.
A la hora del café un matrimonio amigo de ellos vino ocn sus dos hijos (un chico de trece y una chica de 20).
Casualidades de la vida la hija también se llamaba Victoria.
No tardé nada en perder la vergüenza y estuvimos hablando hasta las 8 de la tarde que ya fueron horas de volver a casa.
El matrimonio encantador. Ella, superpija refinada pero muuuy graciosa; él, cara de erudito rondaba los dos metros y desprendía sentido del humor por los cuatro costados.
Aunque hubo muchas partes en alemán, todos fueron muy educados y cambiaban al inglés constantemente para que pudiera participar en la conversación.
Nos echamos unas risas, no lo niego.
Pero cómo todo en esta vida, la jornada llegó a su fin y ya iba siendo hora de volver al "hogar".
No sin antes llevarme, también, tres krapfen para el desayuno =)
Me han invitado a visitarlos de nuevo, y la madre me ha prometido una clase de cocina para aprender a hacer esas deliciosas pastas navideñas austriacas.
¡Estoy deseándolo!
Aún va a ser cierto eso de que "lo divertido empieza cuando te queda poco para volver a casa"
Por el momento a disfrutar toca.
¡Un saludo a todos!
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