Retomemos dónde lo dejamos ayer...
Eran las 8 de la tarde y yo seguía sin noticia alguna de la maleta. Me armé de valor y cogí el teléfono, lista para enfrentarme a uno de esos horribles contestadores automáticos que te hacen marcar mil numeros antes de poder hablar con una persona de carne y hueso.
Muy a mi pesar me informó de que mi maleta había llegado a Viena por la mañana (debería estar contenta!) pero que no aterrizaría en Graz hasta las 9 de la noche.
A esas horas cómo imaginareis, no te la llevan a casa, así que me tocaba esperar hasta la mañana siguiente.
Yo me sentía impotente, no tenía ningún medio para ir al aeropuerto antes de que cerrara y Sonja estaba en pleno concierto. Se suponía que a las 7 de la mañana teníamos que estar camino de la estación de esquí, a ver quien es la guapa que le dice que. o bien se vaya sin mi, o me lleve al aeropuerto a primera hora para recuperar mis pertenencias.
La historia acabó bien, y cómo os podreis imaginar, la segunda opción fue la más acertada, aunque ella lo hiciera con una cara un poco larga.
Por vuestro bien, os digo, nunca, y repito NUNCA hagais que un austriaco se vea obligado a cambiar su planing...y menos retrasar sus planes una hora.
Después de unas horillas en coche con un tomtom de la edad de piedra (aún no se cómo llegamos) dimos con la estación de esquí Turracher höhe.
Empezaba a dudar de su existencia y menos de que hubiera nieve, porque, ya llegando, el paisaje era el de una Austria en plena primavera verde....verdeeee.
Sin embargo me sorprendió ver aparecer de la nada un complejo vacacional de lo más completo, esquiadores por todas partes y un tremendo lago congelado.
A escasos metros del hotel principal está nuestra casa. El número 8 en un pueblito de casitas de madera.
Digo casita por decir algo, pero ahí la teneis con sus doce camas, sus dos plantas y un completo salón comedor.
Cómo ya era hora de comer nos reunimos con todos los amigos de la familia en el restaurante que hay a pie de pista.
Somos un grupo multicultural; hay austriacos, croatas, rusos, una hungara, y como no, la española dando el cante.
Cambian de idioma en cero coma, y tan pronto te hablan en inglés cómo te sueltan algo en ruso.
En cuanto terminó el festín (pizza o pasta) todos salieron en tropel. No querían perder ni un minuto de la poca luz que quedaba.
Mientras, yo me dedicaba, con Ico, a reservar mis clases y a alquilar el equipo. Por suerte no soy la única novata, la húngara se une al club. Mañana veremos cómo se nos da el tema.
Parecía que el día de hoy iba a terminar sin incidentes, pero tengo que ser franca, y sí, me esperaba alguna pifiada pro parte de las niñas.
Fue salir de la tienda de esquis y aparece Sonja con Nina. Por la cara de la niña, nada bueno había pasado. Oh sorpresa cuando me cuenta muuuuy bajito al oido, "me he hecho pis".
Pues a casa volvimos Ico, las niñas y yo.
Para colmo no hay lavadora y me tocó lavar a mano un mono de esqui y toda la ropa que la niña llevaba bajo el traje....ah a la niña también la pasé por la ducha.
No se porqué pero me da a mi que estas "vacaciones" van a ser muuuuuy largas..... jajajajajaj
Ahora nos vamos a cenar a la casa de al lado, el ruso hace de anfitrión y ha cocinado para todos.
Mañana más, incluído el relato de mi primera lección de squí.
q suerte tienen estos ricos, que están de vacaciones, se mea la niña, y tienen a alguien que la duche y le lave la ropa a mano! jajaja
ResponderEliminaránimo! que todo sea por pasarlo genial y darte alguna culada en la nieve!
a partir de ahora, leeré el blog todos los días, así estoy informadiiisima! pero aún así quiero una sesión de skipe pronto! :)
UN BESAZOOO