lunes, 10 de enero de 2011

¡Aquí estoy de nuevo! Lo que significa que sobreviví a mi primera clase.

El día empezó a las 6 de la mañana, y no por amor al arte (hasta las 10 no abren las pistas) si no porque la puerta de mi habitación no se puede cerrar, y consecuencia de ello entra la luz del pasillo y, como no, los gritos de las niñas que se levantan con las gallinas.
Intenté darme la vuelta subir el edredón y hacer caso omiso. Con un poco de suerte podría caer redonda de nuevo. El intento tuvo su resultado positivo, una horita más de sueño.

Un bonito día amanecía en las montañas Nockberge (que bucólico pastoril suena ¿verdad?), y hubiese sido mejor de no ser porque, al abrir el armarito para empezar a sacar las cosas del desayuno, empezara a gotear aceite.
No se sabe quién fue el culpable, pero la botella de aceite estaba rota y dos tercios de su contenido fue cayendo durante la noche por los estantes que había debajo.
¿Adivinais quién lo limpió? Sí, a golpe de 8 de la mañana ahí estaba yo con el rollo de papel de cocina en mano, quitando lo más importante y rematando con agua caliente y jabón.
¿Acaso recibí un "gracias"? No, y aún encima Sonja me echó en cara que hubiese aceite en el suelo.
Ahora mismo la tengo aquí al ladito pasando la fregona de nuevo...de verdad, nunca he visto a nadie tan obsesionado con suelos impolutos como esta mujer.

Volviendo a la historia; salimos de casa prontito, pero siempre con media hora de antelación. Claro no vaya a ser que encontremos un atasco en la carretera que lleva a las pistas y cuyo recorrido no lleva ni 5 minutos, bueno 4, que estamos en Austria y hay q ser exactos.

Allí estaba yo, con todo el equipo lista para la primera lección.
Estoy en un grupo de principiantes de unas 8 personas de las cuales 7 somos mujeres. Nuestro monitor es un señor redondito con bigote llamado Roberto. Dice ser austriaco, pero con esos coloretes y ese nombre yo lo veo más en una tasca de Cuspedriños cunca en mano.

Fueron tres horas asimilando conceptos básicos. Como cargar los esquis, como ponértelos y quitarlos y varios ejercicios ladera abajo para aprender a hacer esa maravillosa cuña y como no, a girar. Nociones básicas pero muy importantes, sobre todo en mi caso que soy más de tirar recto cuesta abajo.
No hubo ningún accidente de importancia, pero tanto me dijo que abriera más los esquís para hacer la cuña. que acabé por perder el equilibrio y caer de culo en el hielo.
Nota importante, estamos aprendiendo a orillas del lago (ahora congelado)...lo que implica acabar en el cuando frenas.
Lo único que no tiene gracia es que estás las tres horas subiendo la laderita con esquis en paralelo; a veces resbalan hacia delante, otras hacia atrás, otras se te cruzan...claro llegas al alto ¡sudando!
Menos mal que estuvo nevando todo el rato y por lo menos refrescaba la cara un poco.

Para variar, sigo sin conocer a nadie. Soy la joven del grupo, los demás de treinta para arriba. Y sólo entablé un poco de conversación con una que está casada con un andaluz y por la gracia de ser yo española me hizo algo de caso.
Teniais que ver al andaluz al final de la clase, se acercó a ver cómo lo llevaba la mujer, y el bueno del hombre me iba traduciendo con su tremendo acento (y eso que lleva 40años en Austria) algunas cosas que explicaba.
el monitor.

Esa es otra...las explicaciones son en ¡alemán! alguna vez se para y traduce cuatro palabras al inglés pero vamos; tengo que estar con el oido bien atenta y fijándome en todo lo que hace.
Bueno por una parte está bien, me pagan clases de esquí y de regalo las de alemán.

Lo importante es que me defendí bastante bien, y estoy lista para la siguiente.Seguiría escribiendo  pero la jornada poco más dió de sí. Nos hemos quedado en casa después de comer por la niebla que había y la nevada que estaba cayendo.


Así que a prepararse para la de mañana, que tiene pinta de que con agujetas va a ser más emocionante.



   

Un saludo a todos!

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